"Pinocho de Carlo Collodi y Peter Pan de James J. Barrie". Las aventuras de unos niños que no querían crecer.

Lo que hoy conocemos como "la infancia" es un concepto más reciente de lo que creemos. En el siglo XIX tuvo lugar un cambio transcedental en la sociedad occidental, el surgimiento de la clase media, que traia consigo un nuevo papel para cada uno de los miembros del núcleo familiar. 

El lugar de la mujer y los niños quedaba aun más supeditado al hombre, el cabeza de familia. Mientras mujeres e infantes de las clases populares seguían trabajando de forma precaria en el nuevo sistema industrial, la ideología liberal se aplicó de manera más rápida en los sectores más favorecidos de la sociedad, en especial en el escaso o inexistente sistema educativo. El nuevo concepto de estado nacional se implicó en la creación de escuelas públicas, que convivian con las privadas para las familias pudientes, donde los menores deberían aprender nociones básicas de distintas disciplinas para servír de forma eficaz en sus obligaciones de ciudadano, así como demostrar la capacidad de "movilidad de clase" que ofertaba el sistema capitalista, de lo que quedaban excluidos desgraciadamente la gran mayoría de infantes de la masa obrera y campesina humilde. Además, se nos presenta de nuevo la problemática de género, en un mundo en el que la mujer quedaba desplazada (otra vez) de muchos de los beneficios que portaba la nueva era liberal.

Los niños de la nueva burguesía ya no trabajaban, la infancia se convertía en un símbolo de la libertad y la inocencia. Dickens fascinado por la niñez escribía en esa época "Oliver Twist", una de las novelas más importantes de la literatura, en la que criticaba a la sociedad victoriana y la crueldad con la que los adultos trataban a los niños, deturpando su inociencia y destrozando su bondad. Desde el siglo XVIII se recuperaron muchas historias para niños, que de la oralidad pasaron al lenguaje escrito, pero en el XIX los creadores de historias infantiles se convertían en grandes literatos recordados junto a sus cuentos y novelas para la eternidad. 

Lewis Carroll nos introducía en una madriguera que nos conducía a un mundo tan fascinante como caótico, donde las liebres toman té y una galleta puede jugarte una mala pasada. James M. Barrie nos hacía volar desde el alfeizar de nuestra ventana hasta una isla misteriosa llena de sirenas, hadas y malvados piratas. Collodi nos acompañaba en una aventura sin fin por Italia en la compañía de una traviesa marioneta de madera y un grillo parlanchín. ¡Qué maravilla! ¿Quién no ha soñado con ser Wendy o Alicia? Dos de estas historias son las que hoy centrarán esta historia. Los niños que no querían crecer, que querían vivir libres y sin preocupaciones, asustados del mundo adulto. Porque admitámoslo, si pudiesemos ir hacia atrás y dormirnos en el regazo de nuestros padres mientras soñamos con las mágicas historias que nos cuentan antes de dormir. ¿No volveríamos sin pensarlo?

Barrie es un escocés insigne, amado y querido en el conjunto de naciones británicas como símbolo de una época. Su historia es la protagonista de decenas de películas, como la adaptación de Disney de 1953 o la versión de Spielberg protagonizada por Robin Williams, Hook (1991). Campanilla, Wendy, Peter y Garfio forman parte de la memoria colectiva más allá de las culturas occidentales. A pesar de lo que la mayoría pueda creer, la historia no es un simple cuento infantil, es una crítica a la perversión de la vida adulta y a la inmadurez. En la mente crítica de Barrie, el hombre y la mujer modernos siguen comportándose como niños, sin conservar la inociencia y el valor que los caracteriza. Los personajes no tienen un comportamiento ejemplar, son  el infantilismo burgués, el capricho y la despreocupación. También contiene una crítica a la misoginia. Peter Pan tiene un conflicto con el otro sexo, y eso se refleja en su intensa relación con las protagonistas femeninas, con las que se encapricha y juega descaradamente. Wendy le proporciona el amor de una madre, Campanilla el mundo mágico en el que vive, y Tigrilla el exotismo y la aventura. Él no llega a comprender las necesidades de estas tres mujeres, a las que ignora y replica constantemente sin preocuparse por sus necesidades. Peter es el hombre infantil y narcisista (está última cualidad es la que lo enfrenta a Garfio), Wendy la mujer sumisa y servicial. Lo que durante años vemos como un cuento para niños se nos presenta de manera muy distinta si lo analizamos con cautela, añadiendo mayor valor a esta obra maestra de la literatura en lengua inglesa. 

Collodi nace en Florencia en el año 1926. Más allá de su faceta de escritor y periodista, sus ideas liberales lo convierten en un apasionado defensor de la unificación de la nación italiana. Su compromiso social y su amor por la literatura infantil le ayuda a escribir la historia del muñeco de madera más famoso del mundo. Pinocho es un caprichoso jovenzuelo que se enfrenta a los personajes más despiadados de Italia con mucho humor y valentía, ayudado por su inexperto padre, la bondadosa hada azul y un par de graciosos y gentiles animales, entre los que se encuentra un grillo parlanchín y un gran mastín. Un lenguaje sin pelos en la lengua y una intrepida aventura te mantendrán pegado a las hojas de este relato, que a pesar de ser mucho más infantil que el de Peter Pan, es igual de ingenioso y hermoso. ¡Ah! No te fíes de la adaptación de Disney, el libro de dejara boquiabierto.

Os deseamos un año 2018 fantástico queridiños y queridiñas. ¡Gracias por tanto cariño! Bo aninovo!

Comentarios

  1. ¡Hola, El Enfermo Literario!,

    Tenéis toda la razón cuando decís que el concepto de infancia de aquel entonces era muy diferente al de ahora. Me atrevería a decir que prácticamente eran opuestos XD.

    En cuanto a los títulos y autores que mencionáis, son una auténtica joya :) A mí me encantó Peter Pan, pero Pinocho no lo he leído y por lo que comentáis no puede ser más distinto de la película, así que tendré que descubrir la historia original ;)

    Gracias por el post.
    ¡Hasta pronto!

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    1. !Gracias a ti! Pues sí, tienes toda la razón, son completamente opuestos. Atrévete con Pinocho, es realmente sorprendente. ¡Un saludo!

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